25 de mayo…

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Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana…

Con esta sencilla frase empezaba todo. Y ya han pasado 4 décadas. 40 años de abrir las puertas automáticas con la fuerza. De querer estrangular a esa persona insoportable con un movimiento de la mano. De imaginar que nuestra linterna en un lugar muy oscuro es una espada láser. De escuchar esa marcha imperial, o cualquiera de las piezas de su banda sonora, y sentir tanto.

Es una película , solo eso. Y, más allá de lo que se ha convertido en la cultura popular (que poco me gusta ese termino), es algo mas. Es algo muy importante para mi, como para muchos otros. Nos hemos criado con ello, lo hemos disfrutado y seguimos haciéndolo con el paso de los años.

Hoy es el día del orgullo friki. Y con el paso del tiempo veo porque celebrarlo. Ahora es fácil, muy sencillo. Camisetas en cientos de paginas. Series y películas basadas en mundos de fantasía y ciencia ficción. Videojuegos, cómics, libros, juegos de mesa, merchandaising…todo al alcance de la mano.

No es una típica critica de los jóvenes lo tienen mas fácil, porque no es así. Pero me alegro del camino recorrido. De tener que esperar a los 14 y mi viaje a Disneyland para disfrutar de mi primera camiseta con Vader en ella a tener casi todas con motivos frikis. Eso hay que celebrarlo. Somos como somos, todos. Todos disfrutamos de algo de la cultura mal llamada friki. Así que dejaros de tonterías. Seas dúnedain, mago, brumosos, profesor geografía cruel e inusual, cazarrecompensas, icthyo sapien, hijo de Sigmar, jedi, dríada o un largo etcétera, disfruta con orgullo.

¡Feliz día de la toalla! ¡Feliz Glorioso 25 de Mayo!

¡FELIZ DÍA DEL ORGULLO FRIKI! ¡Y FELIZ 40 ANIVERSARIO DE STAR WARS!

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No era un bar cualquiera.

El frío del invierno se niega a marcharse. El calor de la primavera ya esta aquí. Ambos luchan por llenar el mundo. Nos encontramos en ese ambiente aveces cálido a veces frío. En una calle poco transitada de una ciudad inundada de gente. Cuando los rayos del atardecer atraviesan la incipiente oscuridad. Los sonidos vienen del eco de las calles adyacentes. Pues esta es una de esas calles de ladrillo sin sonido. Que en vuestra mente se llenara de cubos de basura y periódicos. Al fondo, donde se crea un callejón sin salida una puerta negra. Negra de acero desgastado por ir y venir de las lluvias, las temperaturas y los años. La escasa luz golpea en el marco creando una pequeña porción de oscura sombra dentro de la reinante en este callejón. Dentro de esta solo se ve una pequeña luz. La escasa luz proveniente de las brasas de lo que podría ser un cigarro, si es que estuviésemos en la realidad que conocéis.

Ah si. Pensasteis en un callejón típico de película de una típica ciudad de los estados unidos. Pero no. Nuestra ciudad es mas antigua que muchas de las civilizaciones sobre las que habéis leído en los libros. Y las brasas si son de algo que arde, pero no es tabaco.

La forma oscuridad de la puerta empieza a verse algo mejor tras desaparecer la luz del atardecer. Es alta y parece una mujer. Pelo largo, cara angulosa, y algo de forma femenina debajo de un gran abrigo largo como de soldado. Complementa su atuendo unos pantalones gruesos y unas botas negras gruesas. Sus ojos, negros como un abismo miran al final del callejón donde otra figura aparece. El otro personaje, parece un hombre. Alto, delgado y de cara delgada y con una poblada barba descuidada que pierde su fin en un pelo rizado alborotado. Su atuendo de chaqueta corta pantalones con varios bolsillos botas ligeras y mochila al hombro le hacen parecer un trotamundos. Se acerca hasta casi llegar a la puerta y mira a la silueta de la puerta.

-Llegas tarde.- la voz de ella sonaba fría.

-Nunca llegaría tarde, lo sabes.- La voz de el era una voz sin un solo acento y todos a la vez.- Pero no quiero llegar y esperar a todo el mundo. Se acerco a ella y se dieron la mano. -Recuerdas el salto y seña de hoy ¿verdad?

-Esas dudas ofenden Trav. Mi memoria es de las mejores.- puso su mano en la puerta. Pero antes de tocar el frío metal este vibró perdiendo consistencia. – Vodka con pepino.

La vibración que era la puerta desapareció y dio paso a un pasillo iluminado de un azul brillante. Entraron y una vez bañados por esa luz azul la puerta vibró hasta reaparecer físicamente entera tras ellos.

Aquí quiero que imaginen esas luces negras que revelan las los rastros biológicos. Bien, imaginen una de color azul, azul que dolerían hasta los ojos con el reflejo en las paredes. Pues algo así pero cuyo efecto no era mostrar rastros biológicos mas bien evitar que entren… Bueno continuemos.

En mitad de ese pasillo había una especie de guardarropa. Una apertura en la pared hasta la cintura. En el hueco se veía una habitación llena de casillas en hileras hasta donde se perdía la vista. Tras el mostrador que se formaba en el agujero de la pared había un ser alto, rubio y de gran corpulencia. El recepcionista parecía una de esas representaciones de los dioses nórdicos. Salvo quizá su indumentaria de camisa de colores chillones y sus gafas de sol.

-Buenas noches.- Dijo con una voz parecía que cantase. – Sus pertenencias por favor. Les recuerdo- Dijo mientras recogía el abrigo de los dos y la mochila del llamado Trav. – que tenemos prohibido el acceso con cualquier objeto que pueda ser considerado como arma por El arco. Lo digo por usted, Ker.

Los ojos oscuros de la mujer miraron al recepcionista como si le pudiese atravesar con la mirada. Si hubiese sido un recepcionista normal de un guardarropa cualquiera lo habría conseguido sin duda.

-Mi nombre es Judh.

-Olvidalo. No puedes evitar tu descendencia.- Dijo intentando evitar la risa Trav.

La llamada Judh saco un par de pistolas de algún rincón de su chaleco militar y una espada de algún punto misterioso de su cinturón. Parecía una espada antigua de estilo prerromano. Trav dejo sobre el mostrador un cuchillo que saco de su chaleco. Un cuchillo curvado con el manco lleno de tiras de cuero. El recepcionista tomó todas las armas, les tendió dos monedas con un numero romano cada una y con una sonrisa se despidió. -Disfrutad de la noche en el bar Tir. Hoy tiene buena pinta.

Avanzaron hacia el fondo. En el lateral contrario al guardarropa había una especie de hall con un arco en el fondo. Tenia alrededor unas pintadas sin sentido, como pintadas adolescentes mal hechas. La música venia del otro lado, zumbante y machacona.

-No entiendo como puede gustar algo así.- dijo fría y serena Judh.

-Ese tipo de música está por todo el mundo, créeme. No hay rincón donde no suenen esos acordes y ritmos.

-Pero pensé que no llegaría aquí. ¡Esto es el Tir! No un antro en algún rincón de Europa.

-¿Dónde has estado, Judh? La ultima vez que te vi fue en Arado. Ya ha pasado un año y algo si mi memoria no me falla.

-Arwad. – la sonrisa asomo por la comisura de los fríos labios de Judh.- Mira que te gustan los clásicos.

-Soy así. Además hacia una ruta de viaje por el antiguo imperio. Lo suyo seria llamar a la zona como entonces. ¿Y tu?

-Ya conoces que hacía allí. No es algo agradable, es lo que me toca hacer.- miro al suelo.- Nunca me acostumbro lo que son capaces de hacer.

-Crucemos y la primera ronda de hidro va de mi cuenta.- la miro Trav con una sonrisa y unos ojos verdes a pesar de la luz azul del pasillo.

-Hidro, que blando te has vuelto viejo amigo.. su negra mirada fue hacia el arco y lo que podría haber al otro lado.- Crucemos o llegaras tarde viajero.

Sus pasos se acercaron al arco que era de unos dos metros de alto y uno y medio de grosor. El espesor no podía ser mas de un metro. Al poner los pies dentro del mismo todo se vio de otra manera. Judh dejo de ser esa mujer alta y angulosa para ser una criatura humaniode. Dientes afilados garras y aspecto amenazador. Pero su compañero no reacciono, ya conocía aquella forma, como tantas otras de Judh. Él a ojos de ella era ahora un anciano, barba blanca, túnica marrón y callado en la mano. Tras lo que parecía demasiado para el espesor del arco aparecieron con la forma y aspecto anterior al arco. El local, una especie de circulo cubierto de una gran cúpula amarilla, estaba lleno de personas de todos los tipos distribuidas en la pista central y mini terrazas circulares.

Trav se dirigió hacia una barra de madera que parecía no encajar en el paisaje. Judh fue hacia una escalera que accedía al segundo piso de terrazas. En la penúltima se detuvo estaba vacía salvo por alguna bebida en la mesa central. Una cinta de terciopelo de color rojo con un cartel metálico hacia las veces de puerta. En la placa había una serie de lineas horizontales grabadas. Y un montón mas de lineas cortas cortándolas en diferentes ángulos. Judh paso a través de ella como si fuese humo. Una vez dentro el sofá que bordeaba ella estancia si estaba ocupado. En un extremo un hombre que parecía que hacia meses sin comer estaba sentada de forma recta. A pesar que parecía estar en los, huesos tenía cierta fortaleza. Tenía la capucha de la sudadera negra sobre su cabeza y solo se veía sus rasgos delgados. A su lado una joven vestida de blanco como si fuese a hacer yoga. De pelo rubio y negro a mechas, y sonrisa amable miraba en dirección al delgado. En el extremo contrario había otra pareja. Él era fuerte pero delgado. Camisa de tirantes con un grupo de heavy de los 80. Iba tatuado en todo lo que se veía de cuello hacia abajo. Se sentaba con el brazo izquierdo extendido sobre la cabecera del sofá de forma muy informal. Su interlocutora era una chica con grandes gafas y camisa de color crema, como sacada de un panfleto de una universidad.

Todos dejaron sus charlas y miraron a Judh. Los miró son saber que decir, ese no era su campo. La suerte vino en forma de Trav. Apareció, atravesando el cordel rojo y dándole la jarra de bebida mientras con una sonrisa decía:

-Mirad que ha traído la marea esta dulce noche de marzo. Cuatro de los personajes mas raros de todo el Tir.- un resoplido gélido vino del encapuchado.- He dicho de los mas raros, no los mas raros.

-Si tu supieras que criaturas se encuentran esta noche aquí no opinarías tan a la ligera.- la voz debajo de la capucha era aun mas fría que la de Judh.- Y deja las bromas Trav. El ciclo terminó hace dos lunas. Empieza ya.

Judh miró al grupo y en el fondo lo supo. Como tantas otras veces llegaba el cambio. Quien sobreviviría a eso y quien desaparecería nadie lo sabia. Pero era cuestión de meses que todo cambiase, otra vez.

Paseo por la oscuridad.

 

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Paseo por la fría calle. Mi mente vuelve a divagar. No hay un futuro cercano.No hay un futuro. Bueno, para ser mas precisos, no hay un futuro bueno o claro delante. La espesa oscuridad del presente asfixia la verdad. Algo ha de cambiar. algo. ¿pero qué?

Atascado en una trampa invisible para el ojo inexperto. He vuelto ha caer. mis pasos cenagosos y pesados se arrastran por el baro de este presente. Se que algo cambiará. Se que algo cambiaré. Pero este proceso se hace ya cansado. Mis músculos pesan, mis ojos se resecan, el frío cala hasta el fondo…

Pero se que he de seguir. Sin ganas, sin esperanza mas allá del mero seguir. Esperanza en que esos pasos no habrán sido en vano. En que algo bueno saldrá de este lento peregrinaje.

Un paso mas. Solo un paso mas.

Duir.

Justicia, siempre presente.

El frío empieza a colarse por mis viejos huesos. Pero espero, ese es mi puesto hoy. Traje negro, gafas de sol, corbata negra. Su nombre en un estúpido cartel, como si no fuese a reconocerle. Se retrasa, no vine directamente desde el avión. Él viene desde una de esas salas que son demasiado exclusivas para los vip y los business de las grandes compañías. De esas salas que se susurran entre los empleados, que no se sabe donde están situadas, que son casi mito.

Dos horas mas tarde de lo concretado aparece, va agarrado a un joven, diría que mujer pero lleva un aspecto que me hace dudar de su genero. Como si eso me importase.

Saludo serio y media sonrisa. Él con voz ebria me habla y cuenta necedades y me ordena llevarle a la limusina. Por el camino no deja de intentar de meter mano a su acompañante, a pesar de sus contundentes negativas algo logra, por lo que se oye. El aparcamiento privado esta cerca. Abro con el mando y entran detrás. Una de esas limusinas hummer tan de moda entre estos personajes. Hasta es de color blando reluciente. Así se vera mejor. Saliendo les digo por el comunicador que tienen bebidas en el minibar si gustan. Se que los ojos se le irán a la botella de escoces de 20 años. Escucho los hielos, el liquido, el reanudar de sus intentos por meter mano. También escucho como se desploman los dos.

Despierta sobre saltado cuando le lanzo los restos del agua de la cubitera a la cara. No puede gritar y moverse. La mordaza y las esposas a los lados del maletero abierto se encargan de ello. Parece uno de esos mártires.

-Tu acompañante esta en el hospital despertándose del sedante. Tengo contactos allí y cuidaran que esté bien.- Entonces sus pupilas se enfocan y me ve. Ya no llevo el traje. Este ha sido sustituido por un pantalón gris, unas botas y una camiseta medio holgada negra. Al fijarse en lo que hay en ella empieza a dar tirones y a emitir ese sonido ahogado que es su grito tras la mordaza. Ha visto la mano roja.

-Se te advirtió. Se te envió cartas y e-mails. Tú has rehusado entregarte. Has usado tus amigos, tus viejos conocidos. Ex ministro, Ex presidente del banco mas importante de Europa, ex imputado y salido victorioso de tantas cosas. Podría empezar a nombrar tus cargos y no terminaría. El caso es, escoria, que tu día ha llegado. No es justicia, pero cuando os reís de ella y la tratáis como vuestro juguete para el perro…¿Qué queda?- Escucha sudando a pesar del creciente frío de Septiembre.- Pues quedamos nosotros.

Desenfundo mi arma, mi vieja desert eagle negra. Cuanto mal has causado en guerras pequeña y cuanta justicia vengativa has traído después. Pienso mientras miro como el tardío sol del otoño saca esos despuntes metálicos del arma. Me arrodillo ante su cara. Y quitando la mordaza le miro a los ojos.

-Puedes decir unas ultimas palabras.

-Déjame que haga una llamada y te doy todo el dinero que quieras.-

-Mal.-Le interrumpo.- Una llamada para arrepentirte y entregarte a la justicia si. Esto…mala elección.

-¡Pero no…!- no termina la frase. Para algo sirve el entrenamiento del SAS.

Se desploma hacia atrás lo que queda de su cabeza. Quito las esposas de la mano derecha. La mojo en el charco del maletero y la planto en el capó. Nuestra marca. Nos creían desaparecidos cuando El Jefe lo dejó. Pero la justicia no tiene fin. La justicia no entiende de lideres. La justicia es la verdad en movimiento. Y yo soy un misero y asqueroso asesino que será juzgado por estos crímenes en unos años y encerrado o ejecutado, depende quien me pille. Pero eso es otra historia. Ahora toca empezar a andar. La parada de autobús esta aun a una buena caminata. Con el abrigo largo, la mochila de una universidad y unos cascos de música, pasaré desapercibido.

La justicia esta servida.

Otra vez verano. Otra vez entre letras.

Ha vuelto el verano. Ha vuelto duro e implacable. 

Miro el ventilador de metal girar. mandando aire caliente a cada rincón del cuarto. El sol se ha puesto y mi cabeza sigue con su retahíla. Porque las cosas si, van mejor. No seré un necio y negare lo evidente. pero algo falla. las pequeñas piezas del puzzle siguen sin estar. El calor seco del verano madrileño se cuelan por ahí y hace que el pegamento que cimienta todo se reblandezca. Que parezca que va a ceder, que volverá a estar por los suelos. 

Y no puedo pasear por las calles, ni el horario laboral ni las temperaturas me lo permiten. Pero hemos de seguir. Paleta en mano recompondré el muro. Y miraré como luce el agresivo sol en sus ladrillos. Y una pequeña sonrisa volverá a estos labios secos. El mañana aun no ha llegado. Así que me levantaré con todas las fuerzas que me deja esta temperatura. Iré a trabajar con mis ánimos gastados y la mejor sonrisa que me queda. Pensando en un futuro, oscuro si, pero incierto del todo.

Así que llena mi vaso, hasta arriba y bien frío. Y comparte conmigo un día mas en este infierno al que llamamos Madrid.

Buenas noches y que la felicidad este con vosotros.

Un banco en la castellana y una vieja casa de te.

En un banco de la castellana, al escaso sol del invierno, me pongo a pensar.
He pasado por aquella casa de té. Aquella sacada de las pesadillas de un siniestro. Aquella versión edulcorada de Alicia en la época victoriana.
Té servido en cerámica y porcelana con conejos y mariposas. Té dulce con tartas para diabeticos con ganas de suicidarse por hiperglucemia. Aquellas risas mirando a las señoras tomar té con pastas y parlotear de frivolidades mientras sus maridos vuelven de sus negocios. Todo aquello ya no está.
Pasar al lado de in local con las persianas viejas bajadas, sucias del tiempo sin ser usadas. Aquello murió. Como tantas cosas que nacen y mueren a lo largo de esta vida. De esta ciudad. De la castellana.
En estos tiempos de pesimismo creciente y hastío esto es un buen punto de inflexión. ¿Qué vendrá ahora? No en el negocio solamente, también en esta vida que cambia vagamente hasta qur un día pega un golpe y sigue otro rumbo.
Sólo resta decir “que tenga un buen vuelo”.

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Otro día mas

Será un día mas. Las luces de las farolas serán mi sol. El frió que atraviesa mi abrigo, sera mi compañero. las calles pavimentadas serán mi destino. Los pasos fríos siempre están ahí. Caminar y pensar, eso nunca me abandona.

La ciudad está vacía, llena de gente. Van de un lado para otro. Unos en grupos cantando y festejando la noche. Otros en parejas parando en cada farola, en cada portal para devorarse con la pasión que solo los amantes tienen. Paso a su lado, pero no les presto atención. Para mi no son nada mas que sombras en la solitaria calle. El regusto agridulce del paseo solitario. Eso y la música, sonando desde los cascos, es lo que me queda.

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Y a veces leo, para mantener la mente entretenida. Y a veces trabajo, para mantener la mente ocupada. Y a veces voy al gimnasio, para que el cuerpo no se resienta tanto con el paso de los días. pero siempre, siempre, pienso. No puedo evitarlo, no consigo parar el torrente de pensamientos, dándole vuelta siempre a las mismas ideas y sentimientos.

Mi inspiración, como la juventud, desaparece sin darme cuenta. La alegría, aunque sigue ahí, es ya un viejo vino a guardar para una ocasión especial. Siento que hay piezas que no he conseguido recomponer con el paso de estos últimos años. Es verdad, según me dicen mis mas cercanos amigos, que estoy mucho mejor. Pero aun queda. Tengo que seguir secando mis alas. Quitando el oxido a las piezas y volviendo a montar lo que fue, o debería ser, mi vida.

Y la regla, auto impuesta, de no pensar en mas de unos meses en adelante, empieza a pasarme factura. Quiero gritar y dejarlo. No puedo hacerlo. Y, de allí donde no queda mas que rescoldos, saco algunas fuerzas. Y sigo andando en la noche fría de invierno con la incertidumbre sobre mis hombros. porque ese ¿qué pasará? me duele un poco cada día.

Pero si algo he aprendido, que ya es decir, es que todo se hace poco a poco. Se hace con tiempo. Se hace paso a paso.

El viento frío ha vuelto otro año.

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El frío se empieza a colar por cada rincón de la estancia. El invierno ya llega lento pero imparable. Mi querido invierno. Queda sacar las chaquetas y mantas de los altillos. Pues este invierno no tiene pinta de ser bueno.

Unos dicen “tienes que buscar pues las cosas buenas no te llegan si no buscas”. Pero y si te has cansado de buscar. De ver como todas esas “cosas buenas” pasan delante tuya. Y, o solo las ves pasar, o solo te rozan para que su ausencia sea peor. Y cansa luchar día a día. Y cansa no conseguir resultados palpables. Y piensas en dejar la lucha. Soltar la espada y el escudo. Tumbarte en tu lecho y dormir.

Otros dicen “tienes que dejar de buscar, lo bueno siempre llega cuando no lo esperas”. Pero la paciencia se agota. Y esas viejas voces vuelven a tu cabeza y repiten su mensaje. “Nunca llegará” “no sueñes con algo mejor” susurran durante las largas horas del día y las frías noches.

Y otros dicen “busca la felicidad de cosas pequeñas y para ti solo”. Y, a veces eso funciona. Pero solo a veces.

Y durante ya muchos meses, sigo con mi técnica de no pensar en mas de unas semanas. No pensar, me entra la risa. El día que yo no de vueltas a las cosas, ese día ya no seré yo.

Se acerca otro solsticio. Otro invierno. Otro fin de año. Y tiene pinta de ser peor que los anteriores. Así que intentare centrarme en las letras escritas y leídas. Rodearme de mis viejas amistades. Pequeñas ilusiones que mantengan algo mi mente con algo de calor. Porque el viento ya sopla frío. Y enfría todo a su alrededor y lo mueve. Y, esta vez, agita algo mas que la cebada…

https://youtu.be/M-SI8eTGVF4

Entre luces y sombras.

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Siempre se ha dicho que todo es del color del cristal con que se mira. Pero no todos los cristales son iguales, ni todos los ojos los mismos. Lo digo por mi experiencia cromática personal.

Todo son sombras. La luz y la oscuridad mezclándose como un atardecer o amanecer continuo. Cuando la luz se emerge en un lado de la escena. Siempre tiene que haber oscuridad. Esperando poder apoderarse de todo. Pues sin oscuridad, la luz no tendría ningún sentido. Seria solo…color blanco. Y, entre ambos reinos me muevo.

Y ahora nada es blanco, nada es negro. Todo es de color del gris del asfalto y las nubes lluviosas del otoño en mi ciudad. En un instaste es negro como la oscuridad más profunda del abismo más recóndito. Y al siguiente se convierte en un fogonazo que llena de colores varios el mundo. Pero solo son momentos. El resto, todo es fris, gris de miles de matices que intentan ser otros colores. Gris queriendo ser rojo. Gris queriendo ser azul. Gris no queriendo ser gris.

Pero al pasar el tiempo, se distinguen. Se aprecian los colores en la niebla de grises. Colores lejanos, intangibles y etéreos. Colores que otros si ven, notan y saborean en su mundo. Pero todas las tormentas pasan. Y el mundo de grises llegara a su fin. Y los colores volverán. Pero siempre, siempre este baile de luces y sombras seguirá. Es el valle, entre el bien y el mal. Es la vida, tal y como se nos presenta. Y lo que nos toca es vivirla, con sus luces y sus sombras.

Hoy me acuerdo de ella.

Hoy me acuerdo de ella. Bueno, realmente no. Me acuerdo muchos mas días. Más de los que puedo reconocer. Es de esas cosas que, por mucho que haya pasado la fecha en que termino el contacto, no pararas de recordar. Pero como no hacerlo. Fue durante tanto tiempo una guía, un apoyo, una maestra. Se que hacer un texto recordándola es algo que se hace en aniversarios redondos, en 0 o en 5. Pero si algo he aprendido, es que a veces las cosas redondas no son los momentos perfectos.

Recuerdo aquellas mañanas de domingo, caminando solo o con mi, por aquel entonces, pequeño hermano. Caminando a tu casa, para verte hablar y que nos dieses la paga, cosas de niños. Pero ahora pasados los años se realmente que sólo atesoro los momentos. Cuantas discusiones, cuantas historias, cuantas anécdotas. Una vida contada a través de aquellos ojos cansados y esa sonrisa tuya. Cuantas comidas navideñas, apretados alrededor de aquella pequeña cocina. Alrededor de dos mesas irregulares. Pasándonos el jamón, el queso…entre bromas y risas. Cuantas veces me bajaste al parque. Cuantas veces baje a tu casa estando malo para que me cuidases. Cuantas veces nos cruzamos, yo en el instituto y tu haciendo recados. Incluso aquella época que vivimos bajo tu techo. Tantos recuerdos.

La vida ha cambiado mucho desde que dejamos de estar contigo. No solo la vida en general, tecnología, política, mas bien la vida que te era mas cercana. Ahora somos más. Más familia que no cabría en aquella mesa. Más familia para el salón. Mas niños para jugar en el cuarto de las dos camas.

Es una pena. Solo conocerán tus historias a través de las bocas de los demás. De esa parte tuya que esta tan anclada en cada uno de tus hijos y nietos. Esa parte de “abuela Lola” que todos tenemos.

Y que un día como hoy nos sale a relucir con una pequeña lagrima y un vacío en el corazón. Porque me acuerdo siempre de los que ya no están a mi lado, de una u otra manera. Pero hay algunos que son parte de mi manera de ser de una manera mas profunda de lo que podría entenderse.

Y como dijo un sabio:“Nadie está realmente muerto hasta que desaparecen las ondas que causó en el mundo” . Y las que tu causaste aun perduraran durante muchos años.

Hoy, como tantos días, me acuerdo de ella.

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